Helados en verano y castañas en invierno, eso es lo que la gente piensa que es un negocio de temporada. Pero la temporada puede ser más que la estación del año, puede ser una temporada económica. El tipo de tiendas que florece o desaparece en nuestras ciudades es un buen indicador de cómo es nuestra sociedad. Al menos si interpretamos al pie de la letra la teoría económica de la oferta y la demanda.

Si triunfa, se queda. Y si se queda es por algo, transmite un fiel retrato de cómo es esa sociedad en ese momento atendiendo a qué le interesa a la gente comprar.

¿te has parado a observar la enorme cantidad de restaurantes japoneses que hay en nuestras ciudades? Grandes, pequeños, elegantes, low-cost o pensados únicamente para llevar a domicilio, el sushi, el sashimi y demás platos nipones se han convertido en una plaga en los núcleos urbanos ¿Crees que han estado ahí siempre? Ni mucho menos: hace una década le decías a algún español algo sobre comer pescado crudo y te hubiera mirado como si estuvieras enfermo.

¿A qué han venido a sustituir los restaurantes japoneses? Posiblemente, a los restaurantes chinos.

Pero si hay un colectivo inmigrante que ha marcado la diferencia y ha cambiado profundamente a esta sociedad ese ha sido el latinoamericano, con toda la inmensa diversidad cultural que esa palabra encierra.

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Pero entre tanta reconversión por la crisis también hay hueco para la imagen y la comodidad. El furor de los gimnasios y los rayos UVA ha dado paso a la multiplicación de franquicias de depilación láser; la esteticién de toda la vida ahora regenta una franquicia, otra más, de manicura exprés. Y, años después de haber enterrado los ultramarinos, en cada barrio florecen nuevos ultramarinos regidos por asiáticos que cobran a precio de oro cosas que puedes comprar en otros sitios más lejanos. La clave, la proximidad a tu casa y un horario imbatible que les permite abrir por la mañana y cerrar al filo de la medianoche.